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Autorretrato (Planetario). Cuaderno de un soñador

Actualizado: 19 de feb de 2019


Otra entrega de Álvaro Muñoz para el Cuaderno de un soñador. En esta ocasión se trata de un texto en prosa poética en el que su título ya es toda una declaración de intenciones. Aquí os dejamos un trocito de este soñador.



AUTORRETRATO (PLANETARIO)

Soy como el mundo. Giro. Hay una estrella. (Parecen dos cuando las canto, pero es sólo porque soy hombre y no sé cómo decir que una hormiga es tan diosa como una Luna)


Hay una estrella, decía. Una estrella ciega y una estrella muda. La estrella ciega es ciega porque nadie la ve, pero yo la conozco porque habita en mi centro. La escucho bailar con sus alas violetas cuando tiemblo y me regala una voz y un perfume de truenos. A cambio la alimento con mi aire y mi tierra. Es una simbiosis.


La estrella muda es muda porque vive más allá de las palabras. Su lengua es como el musgo y como el cielo nocturno, más antigua y más profunda que cualquier cuento. Pero, al mismo tiempo, es frágil. Táctil y volátil. Como una caricia. Como un bosque otoñal.


Soy como el mundo. Una mota de polvo en la inmensidad del abismo. Pero desde mi piel, soy inmenso, inmenso y radiante de primavera. De mis ojos nacen brotes porque tengo una estrella en los pulmones. Cuando callo, su luz se enreda en mis silencios como la hiedra se enreda en la música.

Aún le estoy enseñando a besarme las sílabas.


Sí, creo que soy como el mundo. Me encanta rotar. Es como un ballet al compás de mis olas. Día-noche-día-noche-día-noche… Nunca me canso.


El año, sin embargo, es aburrido. Las estaciones son demasiado largas o demasiado cortas. El verano evapora los ríos y se mueren mis aves, pero el invierno ama tanto a las neuronas que los árboles cierran sus párpados y, a veces, se me hiela la válvula mitral.


Ojalá el otoño y la primavera durasen para siempre. Uno en cada hemisferio.

Sería hermoso.


Pero no sería este mundo.


Este mundo. Quizás también este mundo sea un poco como yo.


Algunas veces, cuando llueve, me escucho gemir. Pero no soy yo. Es la tierra húmeda de placer y presente, que sabe lo que aún no he aprendido, que recuerda todo lo que ya olvidé.

Algunas veces, al alba, me veo, invisible. Como una sombra incolora perdida en la atmósfera. No soy yo, pero se parece a mí en la forma que tiene de mirar al Sol cuando aún está frío. Sin tiempo. Con amor.


Soy como el mundo.


Soy como el mundo y el mundo es como yo.


Soy como el mundo, y sueño.


¿El mundo, soy yo?


Álvaro Muñoz

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