• Trinchera Cultural

"Aquello que es nuestro" (Relato de Belén Vieyra Calderoni)

Lo más fascinante de este pequeño proyecto Trinchera Cultural es recibir historias inesperadas de gente a veces no demasiado conocida (porque no están en todas partes). Pero que son las mejores. Seguiremos, no sé hasta cuándo, “re-existiendo”, palabra que le escuché a Manuel Rivas y que me parece apropiada para definir una forma de resistencia.

Esperamos que os guste.

El paso de la vida no es más que un tratado para nuestra alma, una circunstancia efímera concedida por un determinado lapso y el resultado del ilusionismo y el encantamiento que nos acompaña en el transcurso (Belén Vieyra)

El siguiente monólogo, enmarcado en lo anterior, es una conversación para aquel que encuentra la magia, que la percibe incluso yendo a ciegas, para el que la siente a pesar de no tener certeza alguna y para el que sabe que siempre se halla en las personas, aquellas que se convierten en nuestras más firmes alianzas para la apuesta en la partida y para el juego inesperado del camino que habitamos.

Aquello que es nuestro

¿Acaso es al ilusionista a quien pertenece la magia? ¿No es un artista del engaño que sólo posee un truco? O miles, o millones. Dime, ¿a quién le pertenece la magia? Si es un espejismo, una falacia, si es un reflejo de la imaginación, del anhelo de mi deseo. Dime, ¿a quién le pertenece mi magia? Si acaso, soy maga, si tengo sombrero, hechizos y pócimas. Dime, ¿a quién le pertenece mi magia? Si alguien la ve, si la ha sentido, si ha creído, dime, si alguien se la ha tragado entera. Mi magia de mentira, de cuentos de hadas, de ilusiones perdidas, de futuros inconclusos, de poetas en botellas, de músicos sin instrumentos, de mentirosos de manual y maleantes sin vergüenza. Dime, ¿a quién le pertenece mi magia? Si acaso soy yo la propia víctima del truco, de mi truco, de mi magia, de mí. Dime, ¿a quién le pertenece mi magia? Si existe acaso.

Dime que la magia es un juego de niños, un tres en raya, una rayuela dibujada en el suelo con tiza blanca.

Dime que la baraja no está trucada, que no escondes un as en la manga, que en el póker todos ganan. Dime que jugar implica no perder. Dime que la magia es un juego de niños, un tres en raya, una rayuela dibujada en el suelo con tiza blanca. Dime cuál es tu número de la suerte, que lo hago aparecer y que coincida con el mío. Cántame tu canción favorita y prometo saberla de memoria antes de que la termines. Dime que has tocado mil pieles pero que sólo recuerdas una que aún está por llegar. Dime que el horizonte es mi cama y que el mejor restaurante es en mi cocina. Dime que el viejo polvo de murallas son los nuevos cimientos de una casa pequeña que llamaremos hogar.


Dime dónde está mi magia. Dime que es color verde y tierra en tonos ocres y beige, y algún pastel para el domingo por la tarde, para ser dulce y armoniosa, porque eso es un hogar. Dime, ¿dónde está la magia en el fogón? Dime, ¿dónde está la magia en esa sonrisa? Dime que eso que dibujas cuando caminas, dime que esa estela que dejas es de verdad, que te inventas mil códigos para guardarme el secreto, para que no pillen mi trampa, para que no descubran nada.


Dime que, sin pedirlo, eres cómplice. Dime, que aun sabiendo que no hay magia, has decido colaborar en el espectáculo, y que vas a pagar cada entrada en cada una de las noches que no salga la luna. Dime que las estrellas no bastan y que no sobra tu plato en la mesa.


Dime que, sencillamente, es la magia, que me la traerás cuando yo no crea en ella, y que beberemos brebajes para hechizarnos sin quererlo. Dime, ¿a quién le perteneces tú? Dime, que tú no eres truco ni eres la trampa. Dime que la magia es real, que la estoy viendo y me está sonriendo.

Belén Vieyra Calderoni


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