• Trinchera Cultural

Antígona. David Gaitán

Actualizado: abr 14

Dónde: Naves del Español en Matadero/ Sala Max Aub

Texto y dirección: David Gaitán.

HASTA 2 MAYO 2021

Glosando palabras de Javier Gomá "La ley debe dejar siempre espacio a la responsabilidad individual". Suponemos que eso es lo mismo que establecer el ancestral conflicto entre la libertad y la norma, entre las tradiciones no escritas pero practicadas sin necesidad de coerción y las disposiciones que, por voluntad de un legislador, se imponen con la excusa de favorecer a la mayoría.


Hace algunos años que monté esta obra en México, la temperatura social estaba determinada en buena medida por un hecho oscuro de la historia reciente mexicana: la desaparición forzada de 43 estudiantes (que se sumó a la de cientos de miles de personas más) por parte -presumiblemente- del gobierno mexicano de entonces. Las salidas en masa que muchas familias hicieron con el fin de encontrar el cuerpo de sus seres queridos para encontrarlos con vida o darles la sepultura que merecían hacían que el proyecto Antígona tomara una relevancia particular desde el ángulo político y un sutil peligro desde el artístico, al correr el riesgo de ser catalogada como una apuesta oportunista frente al dolor de la sociedad

(David Gaitán)

La versión de Antígona que Gaitán nos ofrece en las Naves del Matadero ahonda en los planteamientos del drama de Sófocles y nos obliga a preguntarnos cuántas veces hemos sido Creonte y cuántas Antígona pareciéndonos defendible y correcta nuestra actuación en ambos casos.
Imagen Madrid Es Teatro

En el escenario asistimos a un juicio en el que hay un ensayo de democracia moderna donde los jóvenes han de ayudar a desentrañar la verdad admitiendo que esta se compone de múltiples caras y obligando al legislador a explicar las razones de una condena a muerte.

Porque Antígona es condenada por dar sepultura a su hermano a pesar de que el rey Creonte lo ha prohibido.


Hace un año también una disposición impidió a muchos ciudadanos despedir a sus muertos por el riesgo al contagio de un virus.

¿Está la diferencia en la proporcionalidad del castigo? ¿Habríamos sido capaces de desafiar esa reglamentación si el castigo hubiera sido la muerte? ¿Qué fuerza tiene en los grupos humanos una creencia? ¿Seríamos capaces de inmolarnos solo por defender algo que no se entiende bajo la luz de la razón sino desde el sentimiento ético de la existencia? ¿Seguimos creyendo en los mártires?


Estas y otras muchas preguntas nos las hacemos gracias a la modernización del texto y a su presentación en un escenario donde todo tiene su función: la ascendente rampa en curva, el atril, las mesas y las sillas, los focos, una música que subraya los momentos de tensión dramática, un telón móvil que permite a Creonte recrear momentos del pasado, etc.


El aderezo es una acción trepidante con una actuación digna de la riqueza de la obra en la que todo el elenco tiene sus pequeños o grandes momentos de gloria. Fernando Cayo es un coloso en el escenario, pero las réplicas de Irene Arcos no le van a la zaga (brillante el guiño musical al conflicto suscitado por el rapero encarcelado). Quizá aquí también resultan idóneas las palabras de Clara Sanchís en su papel de Sabiduría:

“El camino para alcanzar la justicia es el debate. No hay exceso de palabras ni argumentaciones superfluas. Antes de decidir, se ha de agotar el lenguaje si es necesario”.

Aunque lo que destaca es el carácter coral, incluyendo el sorprendente monólogo del Guardián que recordaba ese "a menudo los hijos se nos parecen y así nos dan la primera satisfacción" que decía Serrat.


Casi dos horas en las que resulta muy difícil apartar los ojos de un escenario que nos envuelve hasta convertirnos en parte del jurado en este juicio a Antígona.


Si la cultura nos ha de interpelar, esta versión de la obra de Sófocles lo hace sin descanso; tanto que solo el reposo del contenido en la conciencia del espectador permite el posterior sosegado análisis sin agotar nunca el campo de las sugerencias.


Texto y dirección: David Gaitán.

Reparto: Irene Arcos, Fernando Cayo, Clara Sanchís, Elías González, Isabel Moreno y Jorge Mayor.

Diseño de espacio escénico y vestuario: Diego Ramos.

Diseño de iluminación: Fran Cordero.

Música Original: Álvaro Rodríguez Barroso.

Una coproducción de El desván producciones, festival internacional de Mérida y Teatro Español.





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