• Trinchera Cultural

Animal negro tristeza. Cinematografiar el teatro. Por Florentino Moreno

DÓNDE: Naves del Español en Matadero

TEXTO: Anja Hilling

TRADUCCIÓN: Maria Bosom

DIRECCIÓN: Julio Manrique

HASTA EL 10 de mayo 2022

Cartel e imágenesTeatro Naves del Español

La relación destructiva de los humanos con la naturaleza es la lectura más obvia de Animal negro tristeza, escrita por la dramaturga alemana Anja Hiling en 2007 y representada con gran éxito por toda Europa desde entonces.


No es extraño que su estreno en España se produjera el pasado enero en un ciclo sobre “Los límites de la crisis climática” de la Sala Beckett de Barcelona que, ahora en colaboración con el Teatro Español, recala en las Naves del Matadero de Madrid.


El fuego de un bosque es el motor del drama. Tres parejas de adultos jóvenes y un bebé pasan la noche en un idílico paraje al que han llegado a relajarse del ajetreo de la vida urbana. Antes de que una barbacoa arranque la tragedia conocemos a los personajes y su relación con el mundo por dos vías.


Una narradora expresa con lenguaje poético lo que no puede mostrarse acompañada de un músico que toca en directo, y por otra parte los seis personajes lanzan breves andanadas hacia los otros: sus examantes, hermanos, jefes, empleados…, o se quejan del agobio de la vida moderna.

Cuando parece que la acción va a derivar en un melodrama sobre la insatisfacción de profesionales ricos, bellos y angustiados que no saben qué hacer con su éxito, el fuego lo cambia todo.

La parte central del drama nos muestra cómo cada uno de los personajes enfrenta la tragedia.

Desde los griegos sabemos que la verdadera medida de los humanos se encuentra en su modo de reaccionar ante lo inesperado, especialmente cuando la muerte acecha como sucede aquí.

No se ahorra ningún recurso para describir la angustia de los hasta ese momento anodinos personajes, ni se ponen límites a la disección de los dolores asociados a las quemaduras y la asfixia. Cada quien reacciona a su modo y el espectador se indigna, se exalta o enternece ante el vigor de la acción.


Apagado el fuego, vamos conociendo los efectos del trauma sufrido y el modo en que cada personaje se enfrenta a la culpa y va buscando sentido a un mundo que para ellos no volverá a ser el mismo. De nuevo la narradora describe, el músico acompaña y el tiempo parece más largo para el patio de butacas.


El texto de Anja Hiling tiene fuerza y está bien armado narrativamente. Tal vez peca de afán explicativo desmedido en la parte final. Pero cuando lo que se narra es un hecho tan vivo como el incendio de un gran bosque, la puesta en escena es un reto central para que el drama funcione. Julio Manrique dirige con gran habilidad, además del equipo artístico, a un nutrido grupo de técnicos con la misión imposible de incendiar un escenario diáfano, apenas unas cortinas al fondo y un gran plástico rugoso en el suelo, con todo tipo de recursos de sonido, iluminación y, sobre todo, de vídeo.

Como saben los amantes de las artes escénicas, en los últimos años es habitual que se introduzcan fragmentos de vídeo en dramas, musicales, óperas y casi todas las formas teatrales. A veces es un recurso para explicar un hecho, ahorrarse escenas complejas o un simple guiño a unos espectadores cuyas pupilas están vampirizadas por pantallas la mayor parte del día.



Aquí se da un paso más: no es el mero apoyo de los recursos cinematográficos, sino la inclusión de la propia técnica narrativa del cine en el devenir de la acción. Con la ayuda de dos personajes brechtianos, la narradora y el músico, que se integran con maestría en la trama escénica, pero a veces con la propia acción de los seis actores principales, se hace en directo lo que el cine cocina en la sala de montaje: lo más espectacular es la fusión de imágenes grabadas que se proyectan en el fondo de la sala con la imágenes captadas en directo por cámaras fijas o en movimiento. Estos recursos permiten, por ejemplo, mostrar primeros planos o hacer trávelin para resaltar detalles imposibles de captar más allá de la segunda fila de la sala. Si a esto se le suma que las voces están amplificadas y nos llegan por los mismos bafles que las imágenes pregrabadas, el riesgo de fallo técnico es alto y los errores de los aparatos, que se producen inevitablemente, descolocan la narración.


Es probable que estas formas de traer al teatro lo que hizo del cine la industria hegemónica del siglo XX sea un modo de traer nuevos espectadores a las salas, pero también puede ser vivido por otros aficionados como una forma de desnaturalizar la simplicidad de una relación sin mediaciones.

Unos saldrán de la sala diciendo “qué alucine”, otros, como el Don Arturo de Fernando Fernán Gómez en El viaje a ninguna parte, exclamarán “Esto del cine es una mierda, no tiene nada que ver con el teatro”.

Florentino Moreno Martín

REPARTO:

Mireia Aixalà

Joan Amargós

Màrcia Cisteró

Norbert Martínez

Jordi Oriol

Mima Riera

David Vert

Ernest Villegas

DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Alejandro Andújar

DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Jaume Ventura

DISEÑO DE VESTUARIO: Maria Armengol

DISEÑO DE SONIDO: Damien Bazin

DISEÑO DE VIDEOESCENA: Francesc Isern

DISEÑO DE MOVIMIENTO Y COREOGRAFÍA: Ferran Carvajal

AYUDANTE DE DIRECCIÓN: Ferran Carvajal

ESTUDIANTE EN PRÁCTICAS (INSTITUT DEL TEATRE): Esteve Gorina i Andreu

COLABORACIÓN EN LA TRADUCCIÓN: Goethe Institut

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