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Al-Ándalus en la historiografía española


Baixeras i Verdaguer, Dionís, La civilización del Califato de Córdoba en la época de Abderramán III, 1885, pintura sobre tela, Paraninfo del Edificio Histórico de la Universidad de Barcelona.

AL-ÁNDALUS EN LA HISTORIOGRAFÍA ESPAÑOLA

¿PUNTO Y SEGUIDO O PARÉNTESIS DE NUESTRA HISTORIA?


En el año 711 Táriq ibn Ziyad, caudillo musulmán de origen bereber, desembarcaba en la bahía de Gibraltar al mando de un ejército de unos 7.000 hombres, la mayoría también bereberes recién convertidos al islam, iniciando así la conquista de la Spania visigoda. En apenas 5 años la práctica totalidad de la Península Ibérica, a excepción de algunos focos de resistencia cristianos del norte, había caído bajo el control de los recién llegados conquistadores. Daba comienzo el largo período de dominación islámica sobre al-Ándalus, nombre que los nuevos pobladores árabes dieron a las tierras que acababan de ocupar y que posteriormente irían perdiendo a manos de los reinos cristianos hasta que finalmente, en el año 1492, los Reyes Católicos conquistaban la última ciudad que resistía en poder de los musulmanes: Granada.

Las implicaciones de estos 8 siglos de presencia árabo-islámica en la península han sido, y siguen siendo a día de hoy, causa de controversia tanto para la historiografía española como para la opinión pública de nuestro país. Y es que, dependiendo del autor o la fuente que consultemos, no termina de quedar del todo claro si este episodio constituyó un punto y seguido de nuestra Historia o si, por el contrario, fue un paréntesis en el “curso natural” de la misma. Hoy en La Cápsula del Tiempo trataremos de responder a este interrogante, revisando para ello cuáles han sido las principales posturas de los historiadores españoles al respecto. Sin embargo, antes de entrar en materia, conviene que realicemos un breve repaso a esos 8 siglos de presencia árabo-islámica en la península para así poder entender mejor de qué estamos hablando.

Yahya ibn Mahmud Al-Wasiti, guerreros árabes en la conquista de al-Ándalus, 1236-1237, miniatura del Maqama de al-Hariri, Biblioteca Nacional de Francia.

En un primer momento al-Ándalus pasó a ser una provincia más del vasto Califato de Damasco gobernado por la dinastía omeya. Esta situación cambiaría cuando tras una conspiración en el año 750 los Omeyas fueron derrocados por los Abasíes y su último superviviente, el futuro Abd ar-Rahmán I, logró llegar a al-Ándalus e instaurar en el año 756 el Emirato independiente de Córdoba. Casi 2 siglos después, en al año 929, su descendiente Abd ar-Rahmán III proclamaba el Califato de Córdoba, lo cual suponía declarar su independencia no sólo política sino también religiosa de los califas abasíes. Pero la experiencia califal andalusí no duró demasiado, ya que tras la fitna o guerra civil que se desarrolló entre 1009 y 1031 el califato fue disuelto y su territorio dividido en multitud de pequeños Estados independientes conocidos como taifas.


Estas divisiones internas fueron aprovechadas por los reinos cristianos del norte para intensificar sus ataques sobre territorio musulmán. Ante el alarmante avance cristiano algunas taifas pidieron ayuda al poderoso Emirato Almorávide del noroeste de África, cuyas tropas llegaron a al-Andalus en el año 1086. No obstante los almorávides no se limitaron a enviar sus refuerzos, y al final acabaron anexionando las taifas a su propio emirato. Lo mismo haría a partir del año 1146 el Califato Almohade, el cual se había expandido por el Magreb a costa de los territorios de los almorávides. Tras su derrota en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212 a manos de una alianza cristiana el poder almohade de al-Ándalus entró en declive, lo cual permitió a los reinos cristianos seguir avanzando hacia el sur hasta que sólo quedó un único bastión de poder islámico en la península, el Emirato nazarí de Granada. Su último soberano fue Muhammad XII, quien tras un prolongado asedio rindió la ciudad a los Reyes Católicos en 1492.

Evolución de los territorios cristianos e islámicos de la Península Ibérica entre los siglos XI y XIV.

Haría falta un libro entero para poder hablar convenientemente de la presencia árabo-islámica en la península, pero ahora que ya contamos con unas nociones básicas sobre el tema estamos en disposición de entender un poco mejor el debate que en torno a él siguen manteniendo en la actualidad los historiadores españoles.

En un primer momento la conformación de al-Ándalus en el imaginario colectivo popular debió mucho a los viajeros románticos del siglo XIX, quienes a partir de sus visitas a España recrearon una imagen armónica del pasado andalusí que comparte protagonismo con Las mil y una noches de Bagdad. El francés François-René de Chateaubriand, y especialmente el estadounidense Washington Irving, contribuyeron a esta idealización de al-Andalus a través de su evocadora producción literaria. [1]


Baratti, Filippo, La nueva favorita (obra inspirada en Cuentos de la Alhambra de Washington Irving), 1889, óleo sobre lienzo.

Fue también en el siglo XIX cuando surgieron en España los estudios universitarios arabistas a partir del interés que suscitaban las fuentes árabes de cara al estudio de al-Ándalus. [2] Eran los tiempos en que la llamada escuela “tradicionalista”, representada por figuras de la talla del historiador Modesto Lafuente, comenzaba a preguntarse sobre los elementos que conformaban la identidad histórica colectiva de los españoles. Dicha corriente realizó una interpretación de la dominación árabo-islámica de la península basada en la minimización de la ruptura con el pasado visigodo y la reivindicación del posterior avance cristiano, la tradicionalmente denominada “Reconquista”, como un proceso reunificador de las tierras en manos de los cristianos autóctonos y aquellas bajo el poder de unos musulmanes considerados igualmente hispanos, que habrían quedado divididas debido tan sólo a un “azar histórico”. [3]


No fue hasta bien entrado el siglo XX, sin embargo, cuando aparecerían en escena las tesis contrapuestas Américo Castro Quesada, filólogo e historiador de origen brasileño, y Claudio Sánchez-Albornoz y Menduiña, historiador español y político durante la II República, quienes protagonizaron uno de los mayores debates de la historiografía medievalista española. La polémica se inició en 1948 con la publicación de la obra de Américo Castro España en su historia, revisada y ampliada en 1954 bajo el título La realidad histórica de España. En ella, el autor afirmaba que era la singularidad de la Edad Media española lo que había conformado el carácter diferenciador de lo español o, en sus propias palabras, “la vividura hispánica”. [4] Para Américo Castro la conquista islámica había apartado a España del curso seguido por los demás pueblos de la Europa occidental [5], de tal manera que para él no era posible entender la “esencia de España” sin tomar en cuenta el largo período de tiempo en el que cristianos y musulmanes habían coexistido en la península. [6]


Partida de ajedrez entre un cristiano y un musulmán, ca. 1251-1282, miniatura del Libro del ajedrez, dados y tablas de Alfonso X “el Sabio”, Monasterio de El Escorial, Madrid.

Sánchez-Albornoz respondió en 1956 con la publicación de España, un enigma histórico, donde rebatía a Américo Castro afirmando que la esencia de lo español ya estaba presente en los pueblos prerromanos, y que fueron los romanos y los visigodos quienes terminaron de darle forma con la unificación de Hispania. Para él la islamización en la Edad Media no supuso ninguna aportación decisiva, pues consideraba que España posee una esencia cristiana y occidental. [7] A pesar de su ideario republicano y progresista esta reafirmación del catolicismo como elemento definitorio de la identidad española sitúa a Sánchez-Albornoz en la misma línea que los historiadores franquistas. Como ellos fue un gran defensor de la “Reconquista”, un concepto de origen decimonónico pero clave en el discurso nacional-católico del régimen franquista, que ya fue empleado por los golpistas de 1936 [8] y que, en fechas mucho más recientes, hemos visto reutilizado por la extrema derecha de nuestro país.


También desde un pensamiento ultraderechista, aunque con una visión radicalmente opuesta a la de la historiografía franquista, nos encontramos con la obra del historiador aficionado fascista Ignacio Olagüe Videla, quien en 1974 publicaba en España La revolución islámica en Occidente. En él Olagüe negaba que los musulmanes invadiesen la Península Ibérica, reclamando los logros de la cultura andalusí como el resultado de un proceso interno. [9] Se trata de un trabajo fraudulento basado en el uso sesgado y parcial de las fuentes, [10] pero que a pesar de ello ha gozado de un reconocimiento creciente en los últimos años incluso dentro del ámbito académico. [11]


El mismo año que Olagüe publicaba su libro veía también la luz Sobre los orígenes sociales de la Reconquista. Sus autores, Abilio Barbero de Aguilera y Marcelo Vigil Pascual, habían sido los primeros historiadores españoles en oponerse a la visión nacional-católica de Sánchez-Albornoz, pues aunque aún mantenían el uso del término “Reconquista” dejaban de considerarla como una “empresa nacional” y comenzaban así a desvincularse de la historiografía vigente hasta el momento. [12] No obstante, según afirma el historiador Alejandro García Sanjuán, por lo general los medievalistas españoles han asumido de forma acrítica la obra de Sánchez-Albornoz, [13] manteniendo vigente en la actualidad, aunque despojado de sus connotaciones más ideológicas, el término “Reconquista”. [14] Se trata en cualquier caso de un concepto polémico que en los últimos años ha empezado a ser cuestionado, entre otros, por el propio García Sanjuán, quien se muestra escéptico con el alcance de su “desideologización” y cuestiona su validez como categoría historiográfica. [15]

Batalla entre cristianos y musulmanes, ca. 1270-1284, miniatura de las Cantigas de Santa María de Alfonso X “el Sabio”.

Con el fin de la dictadura y la llegada de la Transición se asentó en España lo que el historiador José Antonio González Alcantud denomina “el mito del buenismo de al-Ándalus”, [16] surgido en el contexto de un país que tras la visión histórica nacional impuesta por el franquismo vio en la denominada España musulmana un ejemplo de tolerancia y convivencia, un verdadero “paraíso perdido”. [17] Era el momento en el que se revitalizaban los distintos regionalismos del Estado y se daba paso a la formación de las actuales Comunidades Autónomas, cada una con sus propias señas de identidad. En el caso de Andalucía dichas señas se construyeron en torno a al-Ándalus, que se convirtió en el “instrumento identitario que los tiempos reclamaban”. [18] Buen ejemplo de ello es la bandera verdiblanca andaluza, cuyo diseño está inspirado en los colores que habrían utilizado los omeyas cordobeses en sus estandartes.

Diseño del estandarte supuestamente utilizado por Abd ar-Rahman III, con el águila de sable blanca sobre fondo verde. https://bit.ly/2vRaL1m

Muchos académicos, pero especialmente periodistas, se entregaron con entusiasmo a la tarea de restaurar esta imagen idílica del pasado andalusí, lo cual, aun siendo un acto bienintencionado, era insostenible desde el punto de vista científico. [19] Desde entonces han sido muchas las voces que se han alzo contra esta idealización de al-Ándalus aunque sin demasiado éxito, ya que al mismo tiempo se ha generado un “contra-mito” inspirado en el pensamiento conservador de épocas pasadas y azuzado en los últimos años por el miedo de determinados sectores de la sociedad al multiculturalismo y la globalización del terrorismo islamista, [20] dando lugar así a un movimiento de “antiorientalismo neoespañolista”. [21]


En esta línea se moverían autores como el arabista Serafín Fanjul García, quien según denuncia Alcantud es responsable de alimentar una corriente de opinión antiandalusí a través de obras como Al-Andalus contra España. La forja del mito (2000). [22] Para Fanjul al-Ándalus es parte de la historia de España pero no considera que los andalusíes musulmanes fuesen españoles, ya que según afirma éstos no tenían intención de formar parte de un proyecto cultural y político que les era ajeno. [23] Ahora bien, quienes sí son considerados españoles por Fanjul son los cristianos de la Península Ibérica que a partir del siglo XIII, según su interpretación, comenzaron a desarrollar un proyecto político de “españolidad global” y de “reconquista”. [24]


El historiador Rafael Sánchez Saus va más lejos aún al excluir al-Ándalus de la Historia de España [25] y hablar incluso de una “frontera entre España y al-Andalus”, [26] algo que parece bastante inexacto historiográficamente ya que, al margen de lo polémico que resulta hablar de la existencia de España en este período, recientes estudios como el de García Sanjuán indican que, en contra de lo que tradicionalmente se ha dicho, los musulmanes andalusíes denominaron al-Ándalus no sólo a los territorios que estaban bajo su dominio sino en general a toda la Península Ibérica. [27]


Dinar andalusí con inscripciones en árabe en su anverso y en latín en su reverso en las que se pueden leer los nombres de al-Ándalus e Spania respectivamente, 716, Museo Prasa Torrecampo, Córdoba.

Pero entonces, ¿qué papel juega al-Ándalus dentro de la Historia de España? Para responder a esta pregunta debemos tener en cuenta no sólo las distintas posturas y corrientes que hemos visto a lo largo del artículo, sino también la propia definición de lo que es España. Así, si por España entendemos el territorio que ocupa hoy el Estado que lleva este nombre, no se pueden excluir de su Historia los 8 siglos de presencia árabo-islámica, mucho más duradera de hecho que la etapa visigoda. Pero incluso si con España nos referimos a una identidad histórico-nacional –la cual, por otra parte, no habría terminado de definirse hasta el siglo XIX con la construcción del Estado-nación–, tampoco podemos negar la importancia de la herencia andalusí a la hora de conformar dicha identidad. Elementos tan propios de España y especialmente de Andalucía como el género musical flamenco, el caballo de pura raza español, la tipología arquitectónica andaluza o los miles de arabismos presentes en nuestro idioma forman parte directa o indirectamente del legado de al-Ándalus, “una ventana que –en palabras del historiador Eduardo Manzano Moreno–, (…) raramente hemos utilizado para asomarnos a una historia y a una cultura cuyo enorme peso e influencia no pueden despacharse”. [28]

Patio típico andaluz inspirado en el modelo arquitectónico de las viviendas romanas y árabes, Moguer, Huelva.

Álvar Muratel Mendoza

REFERENCIAS:


1. Alvarado, David, “José Antonio González Alcantud: ''Al Ándalus es un mito apto para pensar en clave humanista''”, Web Islam (26 de junio de 2014 [consultado el 6 de febrero de 2020]): disponible en https://bit.ly/38wdQCu

2. Fierro Bello, María Isabel, “Qué hacer con al-Andalus”, eHumanista, vol. 37 (2017), p. 178.

3. Sánchez Saus, Rafael, “Un lugar para Al-Andalus en la historia medieval de España”, eHumanista, vol. 37 (2017), p. 187.

4. “Centenario del autor de 'La realidad histórica de España'. Un debate histórico”, El País (3 de mayo de 1985 [consultado el 6 de febrero de 2020]): disponible en https://bit.ly/2Sx65qo

5. Castro Quesada, Américo, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, Editorial Losada, 1948, p. 46.

6. Ibid., p. 50.

7. “Centenario del autor de 'La realidad histórica de España'.

8. García Sanjuán, Alejandro, “Al-Andalus en la historiografía nacionalcatólica española: Claudio Sánchez-Albornoz”, eHumanista, vol. 37 (2017), pp. 305, 306.

9. Fierro Bello, María Isabel, op. cit., p. 178.

10. García Sanjuán, Alejandro, “Ignacio Olagüe y el origen de al-Andalus: génesis y proceso de edición del proyecto negacionista”, Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos, vol. 24 (2018), p. 174.

11. Ibid., pp. 174, 175.

12. García Sanjuán, Alejandro, “Al-Andalus en la historiografía nacionalcatólica”, pp. 317, 318.

13. Ibid., p. 319.

14. Ibid., p. 321.

15. Ibid., p. 323.

16. Alvarado, David, op. cit.

17. García-Arenal Rodríguez, Mercedes, “La conquista islámica y el uso político de la historia”, Revista de libros, nº 123 (2007), p. 2.

18. Sánchez Saus, Rafael, “Un lugar para Al-Andalus en la historia medieval de España”, eHumanista, vol. 37 (2017), pp. 188, 189.

19. Alvarado, David, op. cit.

20. García-Arenal Rodríguez, Mercedes, op. cit., p. 2.

21. Alvarado, David, op. cit.

22. Id.

23. Belausteguigoitia, Santiago, “'Los musulmanes de al-Ándalus no eran españoles, su proyecto político era árabe'”, El País (2 de mayo de 2001 [consultado el 24 de febrero de 2020]): disponible en https://bit.ly/2PkaIlD

24. “2. El mito de Al Ándalus - d. Serafín Fanjul”, vídeo de YouTube, 12:19-16:38, publicado por “Complutense Comunera” (3 de septiembre de 2019 [consultado el 6 de febrero de 2020]): disponible en https://bit.ly/39WDHnh

25. Sánchez Saus, Rafael, op. cit., p. 190

26. Ibid., p. 199.

27. García Sanjuán, Alejandro, “El significado geográfico del topónimo al-Andalus en las fuentes árabes”, Anuario de Estudios Medievales, vol. 3, nº 1 (2003), pp. 3-36 passim.

28. Manzano Moreno, Eduardo, “El mito de al-Andalus”, El País (19 de noviembre de 2017 [consultado el 6 de febrero de 2020]): disponible en https://bit.ly/2wyxAHh

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