• Trinchera Cultural

Afganistán, cementerio de imperios y derechos. Álvar Muratel

Daba su testimonio un alto jefe religioso, representante de los fundamentalistas islámicos, que en aquel entonces eran llamados freedom fighters, guerreros de la libertad, y ahora son terroristas. Aquel anciano tronó:

—¡Los comunistas han deshonrado a nuestras hijas! ¡Les han enseñado a leer y a escribir!

Eduardo Galeano, Los hijos de los días (2011)

Afganistán es uno de esos países que mucha gente no sabe situar en el mapa pero del que todo el mundo ha oído hablar alguna vez en el telediario. La región volvió a ser noticia desde que el pasado mes de agosto las últimas tropas estadounidenses se marcharan de allí tras casi 20 años de presencia militar, creando un vacío de poder que ha permitido a los talibanes hacerse con la totalidad del territorio en cuestión de semanas.

Pero, ¿quiénes son estos talibanes? ¿Por qué Estados Unidos abandona ahora el lugar? ¿Qué tienen que ver los atentados del 11S o la URSS en todo esto? Hoy en La Cápsula del Tiempo daremos respuesta a estas y otras preguntas sobre Afganistán, un país cuyo presente no puede ser entendido sin conocer su difícil Historia.
Mapa de Afganistán (rodeado en rojo) y los países de su entorno. Google Maps.

Situado en torno a los Montes Paropamisus y las montañas del Hindú Kush, en Oriente Medio, Afganistán ha sido escenario de múltiples intentos de conquista a lo largo de los siglos. Desde las campañas de Alejandro Magno hasta la intervención militar estadounidense, pasando por los intentos de dominación de árabes, mongoles o británicos, ningún ejército extranjero ha podido mantener durante mucho tiempo el control del territorio o, si lo ha conseguido, no ha sido sino tras una ardua resistencia, motivo por el cual Afganistán recibe el sobrenombre de cementerio de imperios.


Así lo pudieron comprobar los propios británicos, que tras la Tercera Guerra Anglo-Afgana de 1919 hubieron de reconocer la independencia de Afganistán mediante el Tratado de Rawalpindi. Desde entonces el país sería gobernado casi ininterrumpidamente por la dinastía de los Barakzai hasta que en 1973 Muhammad Daud Khan diese un golpe de Estado e instaurase una república. Apenas hubo resistencia; tras la hambruna de 1973 nadie estaba dispuesto a luchar por el rey, [1] mientras que Daud contaba con el respaldo no sólo de las fuerzas armadas sino también con el de los llamados parchamitas, que mediante esta alianza podían acceder rápidamente a un poder que les había sido vetado bajo el régimen anterior. [2]

Muhammad Zahir Shah, último rey de Afganistán (izq.) y Muhammad Daud Khan (dcha.). Desvelando Oriente.

Parchamitas y jalquis constituían las dos facciones en que se encontraba dividido el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), fundado en 1965 en Kabul por Nur Muhammad Taraki y Babrak Karmal, a los que pronto se sumaría Hafizullah Amín, entre otros. Se trataba de un partido de inspiración marxista-leninista, cuyo principal objetivo era la construcción de una sociedad socialista en Afganistán. [3]

El surgimiento de las divisiones se remonta a 1966, año en que se prohibió la publicación del periódico oficial del partido, llamado -según la transcripción- Khalq o Jalq (“Pueblo”). Karmal propuso cambiar el color rojo de la cabecera y asegurar al rey que no eran comunistas, lo cual podría haber sido una excusa para, ante la inmovilidad del gobierno, publicar su propio periódico, Parcham (“Bandera”), [4] que no obstante acabaría siendo prohibido también en 1969. [5]

Se formaron así dos grupos en torno a ambas publicaciones que competían por ser reconocidos como el verdadero PDPA, [6] con Karmal al frente de los parchamitas y Taraki y Amín a la cabeza de los jalquis. Estos últimos dirigían su actividad hacia la incipiente masa obrera de Afganistán y el campesinado del país, mientras que los primeros se esforzaron por ganar adeptos entre la intelectualidad urbana y, especialmente, el ejército. [7] Tras el golpe de Estado de 1973 los seguidores de Karmal se mostraron partidarios de colaborar con el régimen de Daud, mientras que la facción de Taraki y Amín abogaba por la vía revolucionaria. [8]

De izquierda a derecha, Nur Muhammad Taraki, Hafizullah Amín y Babrak Karmal. Desvelando Oriente.

La oportunidad se presentó el 18 de abril de 1978, tras el asesinato del entonces editor de Parcham Mir Akbar Khayber. La procesión de su funeral derivó en una multitudinaria manifestación antigubernamental, [9] a la que Daud reaccionó deteniendo a los principales miembros del PDPA. [10] La lentitud de su respuesta, sin embargo, permitió a Amín poner en marcha el plan en el que llevaba tiempo trabajando, [11] y en el cual las fuerzas armadas eran un elemento clave para tomar el poder. [12]

Bandera de la República Democrática de Afganistán adoptada entre el 19 de octubre de 1978 y el 22 de abril de 1980. Wikipedia Commons.

Comenzaba la Revolución de Saur, llamada así por el mes de saur del calendario persa en el cual se produjeron los hechos, coincidiendo con el 27 de abril del calendario occidental.


Pese al inicial reparto de poderes entre las dos facciones del PDPA sus anteriores fracturas pronto se hicieron presentes de nuevo, y para junio de 1978 los miembros de Parcham fueron excluidos del nuevo gobierno. [13] Ante éste se presentaba un reto formidable: modernizar y acabar con las profundas desigualdades de un país extremadamente pobre y atrasado económicamente, con una estructura social sumamente patriarcal y cuasi feudal en el que las relaciones tribales predominaban sobre cualquier posible sentimiento de unidad nacional. Hablamos de un territorio con hasta 25 etnias distintas, entre las cuales predominan los pashtunes, presentes sobre todo en el este y sur del país. Divididos en varias tribus, sus principales elementos de cohesión son el islam suní y su propio código tribal, el pashtunwali. [14]


De cara a poder llevar a cabo su proyecto revolucionario el PDPA abogó por la formación de un “frente nacional unido de fuerzas patrióticas, democráticas y progresistas” bajo la dirección del partido. [15] Su primer objetivo era la abolición de las relaciones feudales que pervivían en el país, para lo cual inició un amplio proceso de reformas agrarias que acabase con el círculo vicioso de deudas que había empobrecido tanto a pequeños y medianos terratenientes como a campesinos no propietarios [16] y, así mismo, redistribuyese la tierra. [17] Dado que la posesión y herencia de la tierra estaba estrechamente vinculada a los lazos familiares otra de las medidas que debió acometer el gobierno fue la reforma de las leyes matrimoniales, imponiendo severas restricciones sobre el pago de la dote y estableciendo la obligatoriedad del consentimiento de ambos cónyuges para contraer matrimonio, al tiempo que se fijaba la edad mínima para casarse en 16 años para las mujeres y 18 para los hombres. [18]

Mujeres afganas participando en un desfile tras la proclamación de la Revolución de Saur. nuevatribuna.es

Las reformas agrarias representaban la principal herramienta del gobierno para destruir el antiguo orden feudal, pero para que éstas fuesen efectivas era necesario combinarlas con otra serie de medidas en materia judicial, administrativa y educativa. [19] Tras la revolución fue establecida la Agencia Nacional para la Campaña Contra el Alfabetismo, que dedicó un especial interés en extender la alfabetización entre la población femenina del país. [20]

Sin embargo, y aunque el gobierno había proclamado la libertad de culto [21] e incluso aseguró que los estudios islámicos continuarían impartiéndose, muchos ulemas -expertos en la ley islámica- vieron en las reformas educativas un ataque al poder que tradicionalmente habían tenido. [22]

El PDPA pretendía implementar cambios muy profundos en la sociedad afgana en un plazo de tiempo excesivamente corto, y a menudo se ha sugerido que una aplicación más gradual habría contribuido a reducir la oposición de la vieja clase dominante. [23] Poco a poco el gobierno comenzó a perder apoyos populares, lo que sumado a las divisiones internas del PDPA perjudicó gravemente su capacidad de controlar la rebelión. [24] Las fuerzas reaccionarias estaban dirigidas principalmente por líderes tribales y tenían el apoyo de gran cantidad de ulemas, que a menudo eran también grandes terratenientes y cabecillas de distintos subgrupos tribales. [25]

Propaganda anticomunista aparecida en Afganistán. nuevatribuna.es

La situación se recrudeció a principios de 1979, lo cual llevó a Taraki y a Amín a manifestar la necesidad de una intervención soviética para aplacar a los insurgentes. [26] Previamente, el 5 de diciembre de 1978, Afganistán había suscrito con la URSS un Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Colaboración, en cuyo Artículo 4 se contemplaba la posibilidad de que cualquiera de las partes prestase ayuda militar a la otra de cara a salvaguardar su seguridad, independencia e integridad territorial. [27]


En un principio la URSS no se mostraba muy predispuesta a intervenir directamente en el conflicto y prefería optar por otras medidas como profundizar en las ayudas económicas y militares, [28] si bien en diciembre de 1979 el curso de los acontecimientos era tal que la Unión Soviética decidió enviar tropas a Afganistán, [29] en parte también debido al riesgo que suponía para las propias fronteras soviéticas el triunfo en el país vecino de una contrarrevolución islamista apoyada por Estados Unidos y la OTAN. [30]

Ahora bien, si podemos hablar o no de una invasión es un debate sobre el que las fuentes arrojan informaciones ambiguas.

La URSS sostuvo en todo momento que el despliegue de tropas en Afganistán se debió a una petición de auxilio del propio gobierno afgano, pero no se especificaba a qué parte del gobierno se refería. [31]

Y es que durante los últimos meses las divisiones internas, incluso dentro de los propios jalquis, no habían hecho más que recrudecerse. El 10 de septiembre de 1979 Taraki, que contaba con las simpatías de la URSS frente a Amín, fue informado por las autoridades soviéticas de que éste último planeaba arrebatarle el poder. Sin embargo, en un giro inesperado de los acontecimientos, el intento de librarse de Amín fracasó y fue el propio Taraki quien acabó siendo detenido y asesinado el 9 de octubre. [32] Ante esta nueva coyuntura la Unión Soviética decidió resignarse y colaborar con Amín hasta que, finalmente, éste se mostró claramente contrario a los intereses de Moscú. [33]

Nur Muhammad Taraki (centro) junto con el ministro de exteriores de la URSS Andrey Gromyko (izq.) y el mandatario soviético Leonid Brezhnev (dcha.) en un encuentro en Moscú el 10 de septiembre de 1979. RBTH.

Entre el 23 y el 24 de diciembre se produjo una llegada masiva de tropas soviéticas a través del aeropuerto de Kabul, y el día 27 tuvo lugar la muerte de Amín. Si fueron agentes afganos o soviéticos quienes acabaron con su vida es algo que no está del todo claro, aunque desde luego su desaparición fue posibilitada por la intervención de la URSS. [34] Al día siguiente Karmal, más cercano a los intereses soviéticos, [35] anunciaba la caída de Amín y la formación de un nuevo gobierno revolucionario.


Desde el principio la URSS dejó claro el carácter temporal de su presencia militar [36] y su intención de retirar sus tropas, previo acuerdo con el gobierno afgano, tan pronto como cesase por completo “la infiltración de las bandas contrarrevolucionarias en Afganistán”. [37] Sin embargo, lo que en principio se esperaba que fuese una guerra de “tres o cuatro semanas”, en palabras de Brezhnev, [38] derivó en un conflicto enquistado que se convirtió en un verdadero quebradero de cabeza para Moscú.


Las fuerzas reaccionarias contaban con el respaldo de Estados Unidos, China y otros países islámicos como Egipto, Arabia Saudí, Irán -que reivindicaba la soberanía sobre la región afgana de Herat- [39] y, especialmente, Pakistán. La injerencia de éste sobre Afganistán se remonta a 1979, cuando comenzó a suministrar apoyo logístico, militar y financiero a los combatientes fundamentalistas afganos, los muyahidines. [40]

En 1983 el presidente estadounidense Ronald Reagan llegó a recibir a una delegación con varios de sus representantes en la Casa Blanca y en su discurso sobre el Estado de la Unión de 1986 se refirió a ellos como freedom fighters. [41] Tan sólo unos años antes, en junio de 1981, había sido fundada la Unión Islámica de los Muyahidines Afganos, que en marzo de 1982 se escindiría en dos facciones compuestas a su vez por varias organizaciones fundamentalistas y tradicionalistas. Finalmente todas ellas volverían a reunificarse en mayo de 1985 en un grupo llamado “los Siete de Peshwar”. [42]

Evans, Michael: el presidente estadounidense Ronald Reagan reunido en la Casa Blanca con representantes de los muyahidines, 1983. Reagan Library.

La llegada de Gorbachov supuso un cambio radical. El 15 de octubre de 1985 el nuevo mandatario soviético anunció a Karmal su intención de retirar las tropas de Afganistán y le exhortó a abandonar el socialismo. Por supuesto Karmal se opuso a las recomendaciones de Gorbachov, que maniobró entonces para sustituirlo por Muhammad Nayibullah. [43] El PDPA inició una “Política de Reconciliación Nacional” en 1987 que, si bien respaldada por Moscú, [44] no evitó la salida de sus tropas en 1989, tras un costoso conflicto que había desgastado notablemente al país soviético. Una vez disuelta la URSS el gobierno afgano no pudo resistir mucho, y en 1992 Nayibullah fue derrocado. Comenzaba un período de gran inestabilidad en el que los distintos grupos muyahidines se enfrentarían entre sí y rotarían en el poder.

[45] Es en este contexto cuando surgieron los talibanes, aunque algunos de sus fundadores ya habían sido parte de los muyahidines que recibían ayuda estadounidense. [46]

B. Kiselev: tropas soviéticas en su retirada de Afganistán, 1989. RBTH.

La palabra talibán, que en realidad es el plural de talib en lengua pashtún, significa literalmente “estudiantes”.

Surgidos en el verano de 1994, la

mayoría de ellos procedía de las madrasas -escuelas coránicas- ubicadas en Pakistán y cuyos integrantes eran principalmente huérfanos de los campos de refugiados que provocó el conflicto afgano. [47] Su doctrina constituye una interpretación anómala del islam, inspirada por una combinación de la corriente deobandi con la wahabita. [48] Con el apoyo de Pakistán los talibanes fueron avanzando desde la frontera hasta el interior de Afganistán, haciéndose con Kabul en 1996. [49] Su por aquel entonces líder, el mulá Muhammad Omar, tomó el título de emir de los creyentes, por lo que el país fue renombrado como el Emirato Islámico de Afganistán [50] y se retornó a un modo de vida tradicional basado en la interpretación fundamentalista del islam de los talibanes.


El nuevo gobierno talibán contó con escaso reconocimiento internacional, siendo tan sólo respaldado por Arabia Saudí y Pakistán, lo cual sin embargo favoreció el estrechamiento de sus lazos con Al-Qaeda y Osama bin Laden. [51]

En 1996 el líder yihadista fue acogido por el mulá Omar, quien a cambio de cuantiosas donaciones le permitía usar el territorio afgano como base de operaciones y campo de entrenamiento. [52]


Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 el presidente George Bush exigió la entrega de Osama bin Laden, a lo cual el régimen talibán se negó. La reacción no se hizo esperar, y el 7 de octubre una coalición internacional liderada por Estados Unidos inició la llamada Operación Libertad Duradera [53] con el objetivo de destruir a las fuerzas militares del régimen talibán y Al-Qaeda. [54]


De nuevo surge el debate sobre la conveniencia o no de hablar de una invasión, ya que aunque tanto Washington como sus aliados se ampararon en el derecho de legítima defensa lo cierto es que desde un punto de vista jurídico la intervención militar de 2001 chocaba con varios de los requisitos exigidos para poder ejercer dicho derecho. [55]


Sea como fuere, el caso es que el gobierno talibán fue rápidamente derrotado y gran parte de sus líderes, junto a otros miembros de Al-Qaeda, hubieron de refugiarse en las regiones montañosas de Pakistán. [56] El poder fue asumido por distintos señores de la guerra afganos, en especial los tayikos procedentes de la llamada Alianza del Norte, [57] aunque la presidencia interina del país recayó sobre el pashtún Hamid Karzai tras la Conferencia de Bonn celebrada en diciembre de 2001, siendo posteriormente elegido presidente en las urnas en 2004. [58] Bajo su mandato Afganistán se convirtió en el segundo país con mayores índices de corrupción del mundo. [59]

Bowman, James M.: Hamid Karzai en su investidura como presidente de Afganistán el 7 de diciembre de 2004. US Department of Defense.

La creación de una autoridad provisional que condujese al país a la celebración de unas elecciones parlamentarias fue uno de los principales objetivos del Acuerdo de Bonn, tarea que recayó en la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad para Afganistán (ISAF). [60] Su labor concluiría en 2014 debido a la inestabilidad del país, de tal manera que la Operación Libertad Duradera se convirtió en la única misión militar extranjera con potestad para usar la fuerza en Afganistán. [61]


Mientras tanto los insurgentes talibanes iban ganando terreno, hasta tal punto que en 2019 éstos eran más fuertes de lo que lo habían sido en 2001. [62] A ello contribuyó la inacción de Pakistán a la hora de combatir a sus miembros y los de Al-Qaeda, que pudiendo operar desde territorio pakistaní iniciaron una contraofensiva en toda regla a partir de 2006. [63]


Así las cosas llegamos al 29 de febrero de 2020, fecha en la que, tras casi 20 años de conflicto, Estados Unidos y los talibanes firmaban el Acuerdo de Doha; [64] los talibanes se comprometían a impedir que Al-Qaeda utilizase su territorio para realizar ataques sobre Estados Unidos o sus aliados e iniciar conversaciones con otras fuerzas políticas del país, y a cambio Washington aseguraba la retirada de sus tropas y la eliminación de sanciones. [65]


El resto de la Historia la conocemos a través de los titulares de estos últimos meses. A mediados de agosto, con motivo de la retirada de las últimas tropas estadounidenses, el presidente Joe Biden daba un discurso en el que afirmaba que su misión nunca había sido llevar la democracia a Afganistán sino, simplemente, prevenir un nuevo ataque terrorista sobre suelo norteamericano. [66]

Przysucha, Ron: el representante estadounidense Zalmay Khalilzad (izq.) y el representante talibán Abdul Ghani Baradar (dcha.) en la firma del Acuerdo de Doha el 29 de febrero de 2020. US State Department.

El nuevo Emirato Islámico de Afganistán sigue en busca de un reconocimiento oficial que, si bien de momento no ha obtenido, se está viendo suplido por una sorprendente complicidad por parte de la comunidad internacional.


El 12 de octubre representantes del régimen talibán se reunían, de nuevo en Doha, con delegaciones de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países occidentales, [67] y sólo unos días después, el 20 de octubre, sucedía lo mismo en Moscú con enviados de Rusia, India, Irán, Pakistán, China y las exrepúblicas soviéticas de Asia central. [68]

Bandera adoptada por el Emirato Islámico de Afganistán. Wikipedia Commons.
Con la retirada de la coalición internacional liderada por Estados Unidos y el ascenso de los talibanes Afganistán revalida su título de cementerio de imperios al tiempo que se convierte también en tumba de los frágiles derechos alcanzados en épocas precedentes.

A pesar de las reiteradas promesas del emirato de conformar un gobierno inclusivo o de respetar los derechos de las mujeres -poco creíbles teniendo en cuenta los antecedentes- no puede olvidarse que aquellos que hoy se reivindican como moderados ante a la prensa occidental son en realidad los mismos fundamentalistas que apoyaron a Al-Qaeda o impusieron el burka durante años. Si la Historia volverá a repetirse o no en Afganistán es algo que sólo el tiempo nos podrá decir.


Álvar Muratel Mendoza

REFERENCIAS:

1. Neale, Jonathan: “Memorias de la Revolución de Saur”, traducido por Valentín Huarte, ctxt (23 de agosto de 2021 [consultado el 08 de octubre de 2021]): disponible en http://bitly.ws/jmc3

2. Male, Beverley: Revolutionary Afghanistan, Croom Helm Ltd, 1982, p. 39.

3. Ibid., p. 25.

4. Ibid., pp. 30-31.

5. Ibid., p. 35.

6. Ibid., p. 36.

7. Blancarte Pimentel, Roberto J.: “Afganistán: el poder soviético frente a la revolución islámica”, Estudios de Asia y África, vol. 17, nº 2 (1982), p. 268.

8. Neale, Jonathan, op. cit.

9. Male, Beverly, op. cit., p. 46.

10. Ibid., p. 47.

11. Id.

12. Ibid., p. 42.

13. Forigua-Rojas, Emersson: “Guerra en Afganistán: la experiencia soviética”, Papel Político, vol. 15, nº 1 (2010), pp. 195-196.

14. Behzad, Rasheed: “La estructura social en Afganistán”, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Opinión (2011), p. 2.

15. Male, Beverley, op. cit., pp. 88-89.

16. Ibid., p. 90.

17. Ibid., p. 92.

18. Ibid., p. 91.

19. Ibid., p. 93.

20. Id.

21. Ashhkov, Vladímir et al. (comp.), La verdad sobre Afganistán, traducido por Ramón Rodríguez, Moscú, Agencia de Prensa Nóvosti, 1986, p. 17.

22. Male, Beverley, op. cit., p. 94.

23. Ibid., p. 97.

24. Blancarte Pimentel, Roberto J., op. cit., p. 274.

25. Male, Beverley, op. cit., p. 97.