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2020, el año de la resiliencia


Def. La resiliencia o entereza es la capacidad para adaptarse levemente con resultados positivos frente a situaciones adversas. (Wikipedia)


2020 nos deja atrás. Marcado por unas extraordinarias circunstancias, la crisis de la COVID-19 nos ha cambiado. Ha sido, sin duda, uno de los acontecimientos más relevantes del presente siglo. Una situación excepcional que ha incidido "especialmente en el mundo de la Educación, sometiéndola a nuevos e inesperados retos que han tenido que ser superados a medida que se presentaban y de la mejor manera posible.


Hoy queremos dejar de lado por un momento la desgracia causada por esta pandemia que todavía no finaliza y cuya magnitud estamos aún lejos de conocer, para centrarnos en la parte positiva de esta experiencia inusual, en el enriquecimiento y en el aprendizaje que de ella se ha derivado.


Hace ya tres años iniciábamos este proyecto, germinado desde el entorno educativo y el Teatro como eje principal, que terminaría materializándose en lo que es hoy Trinchera Cultural. Surgieron de esta forma guías, podcasts, entrevistas, infografías, etc., en torno a obras teatrales (posteriormente se ampliarían más temáticas) con muy buenos resultados. Con el tiempo, aprenderíamos que estábamos haciendo “aprendizaje por proyectos”, “trabajo colaborativo”, “aprendizaje-servicio”, y muchas cosas más.


La irrupción de la pandemia ha hecho que de un día para otro el paradigma de la docencia cambiara: la tecnología, ensalzada por muchos y aborrecida por otros y, por la gran mayoría, acogida con timidez, ha constituido durante todo este tiempo un vehículo hacia un tipo de sociedad que poco a poco empieza a vislumbrarse y que, lejos de generar certezas, nos llena de interrogantes y de miedos.


Con el apoyo de la tecnología se activaron nuevas dinámicas en las aulas, lo que ha dado lugar a un concepto de “educación online” bastante inexacto; en lo personal, creo firmemente que una educación online es posible, siendo este tipo de educación el resultado de un proceso cuidadosamente meditado y trabajado.


A menudo, y muy tradicionalmente en el sector educativo, se han omitido ciertas necesidades relativas a la implementación de soluciones tecnológicas (si bien esta tendencia ya empieza a cambiar), sin embargo, en la actualidad, un centro de estudios iguala o incluso supera la complejidad tecnológica de una mediana empresa. La falta de presupuesto en materia de TIC suele ser el principal obstáculo al que se enfrentan los institutos, y requiere de un nuevo enfoque con el fin de poder satisfacer las necesidades existentes.


Está claro que en estos términos la modalidad de educación online no puede someterse a examen teniendo en cuenta la terrible dificultad, falta de preparación y medios, y extremas condiciones a las que nos hemos enfrentado.


También debería evaluarse la forma en la que se han ido incorporando las TIC en el sector de la Educación a lo largo de los últimos años. En muchos aspectos la crisis ha pillado al sector con “los deberes sin hacer”; sin duda, resulta muy importante que se fomente el aprendizaje de las TIC dentro de la comunidad docente. No se puede obviar que existe cierto rechazo por parte de la misma, incluso tratándose de profesionales jóvenes, a incorporar herramientas digitales en sus clases. Sorprende también la falta de competencia que refleja gran parte del alumnado, constatando una vez más que ser nativo digital no es lo mismo que ser competente digital. Alumnos y alumnas que usan con soltura teléfonos móviles y aplicaciones de última generación, a menudo presentan lagunas en la redacción de correos electrónicos o a la hora de adjuntar documentos, por ejemplo.


Es imprescindible homogeneizar el acceso a la tecnología, y proveer todos los recursos necesarios para que las TIC formen parte de la Educación como una herramienta más, al igual que lo es una pizarra o un libro de texto. Democratizar el acceso a la tecnología también es una meta a lograr. En este tiempo hemos oído hablar de la “brecha digital” que ha incrementado aún más las desigualdades, ya de por sí existentes, entre aquellas familias con menos recursos.



Conviene no alejarse del propósito fundamental, que es la enseñanza


En no pocas ocasiones se conciben las TIC como un fin en sí mismo, y no como un medio más, muy importante, para llevar a cabo la enseñanza. No vamos a negar que la tecnología ha desempeñado un papel determinante en la continuación de las clases durante el confinamiento; gracias a ella ha resultado posible y gracias a la tecnología la sociedad ha podido seguir desarrollando gran parte de su actividad. Sin embargo, conviene no alejarse del propósito fundamental, que es la enseñanza.


La educación no es una simple transmisión de conocimientos. A través de ella también se inculcan valores, se potencian aptitudes y se propicia el espíritu crítico. Pero no podemos olvidar que la educación presencial es comúnmente un elemento importantísimo para algo que es imprescindible para el ser humano: la socialización. No obstante, existe como contrapartida el hecho de que algunos alumnos que sufren o han sufrido acoso escolar en las aulas, han podido encontrar en las pantallas una forma de alivio y refugio.


La educación presencial también inculca en el alumnado obligaciones a cumplir que a menudo se desdibujan con la educación online: la atención en clase, la puntualidad e incluso las faltas de asistencia, son difíciles de manejar con las herramientas actuales. El hecho de facilitar en exceso el acceso a la información a los alumnos no implica un mejor rendimiento ni es la mejor estrategia; un ejemplo es la típica elaboración del cuaderno de clase, donde el alumno va incorporando sus apuntes “a limpio”, las tareas realizadas y sus correcciones, anotaciones del profesor, etc. Este proceso desaparece cuando se les da todo hecho, los apuntes ordenados y maquetados. Sería interesante, por tanto, y sobre todo en etapas donde aún no disponen de la suficiente capacidad de gestión personal, que de alguna manera tuvieran que seguir elaborando ese cuaderno, ya sea digitalmente o de la manera tradicional.


¿Estamos haciendo un uso responsable de nuestros datos?


La privacidad de los datos es otra de las cuestiones fundamentales que adquiere especial relevancia a la hora de abordar la educación online, en cualquiera de sus facetas. ¿Son conscientes las familias y el alumnado del tratamiento que se hace de sus datos? Las herramientas utilizadas ¿hasta qué punto respetan la actual legislación (RGPD)? ¿Son conocedores los docentes de las cuestiones relativas a la privacidad, que deberían aplicarse en las videoconferencias? ¿Qué ocurre con aquellos alumnos que aún no tienen la edad mínima para poseer una cuenta de correo?


Un aprendizaje en todos los sentidos


Si algo nos ha enseñado el 2020 es que nunca dejamos de ser alumnos. La vida hace que sigamos aprendiendo día a día, y no solo los alumnos aprenden de sus profesores sino también estos últimos de ellos, en especial durante esta pandemia donde los conocimientos ya no son lo más importante sino los valores humanos que nos han ayudado a ser más fuertes, más empáticos, solidarios. Nos hemos apoyado para ser vencer miedos, superar duelos y continuar con la “mejor normalidad” posible.


El 2020 ha sido el año de la resiliencia.


Os deseamos todo lo mejor.

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