• Trinchera Cultural

12 de octubre ¿algo que celebrar?

Actualizado: 15 de dic de 2019



Una reflexión desde la historiografía


Dentro de poco es 12 de octubre, Fiesta Nacional de España, y como cada año surge de nuevo la polémica sobre la conveniencia o no de su celebración. Frente a quienes reivindican la fecha en que Cristóbal Colón llegó al continente americano como un hito histórico para España son cada vez más quienes denuncian los crímenes cometidos durante la conquista y exaltan la resistencia de los pueblos indígenas. Pero, más allá del tradicional cruce de tópicos y consignas vía Twitter y demás redes sociales, ¿qué es lo que tiene que decir la historiografía al respecto? ¿Debemos olvidar una fecha tan señalada de nuestra Historia o debemos recordarla? Y de ser así, ¿es lo mismo recordar que conmemorar? Vayamos por partes.


En primer lugar, tratemos de aclarar algunas confusiones habituales sobre esta fecha. El 12 de octubre, tal y como establece la Ley 18/1987, es la “Fiesta Nacional de España” [1], y no el “Día de la Hispanidad” como se suele decir. Dicha denominación es bastante anterior y ha formado parte del lenguaje político español desde mucho antes de la dictadura franquista, si bien no fue hasta el año 1958 cuando la Presidencia del Gobierno decretó oficialmente el 12 de octubre como “Día de la Hispanidad” [2], habiendo sido hasta entonces la denominación oficial del régimen “Fiesta de la Raza”, tal y como se recogía en la orden ministerial promulgada al respecto en 1940 [3].


En cuanto a la significación histórica de esta fecha y los acontecimientos que se le atribuyen es necesario señalar también aquí toda una serie de inexactitudes que siguen formando parte del imaginario colectivo popular. Comencemos con una pregunta sencilla: ¿qué ocurrió el 12 de octubre? La mayor parte de las personas responderá, casi como una fórmula matemática aprendida desde el colegio, que el descubrimiento de América. Pues bien, esto no cierto. 500 años antes de que Colón desembarcase en la isla de Guanahani, a la que bautizó con el nombre de San Salvador, los vikingos ya habían iniciado la exploración de las costas de América. Erik el Rojo es considerado el primer explorador vikingo en llegar al continente americano al desembarcar en Groenlandia, si bien los navegantes escandinavos llegaron aún más lejos en sus viajes. Así lo demostró el matrimonio noruego compuesto por la arqueóloga Anne Stine Ingstad y el explorador Helge Ingstad, quienes en 1960 descubrieron en L'Anse aux Meadows, Terranova, los restos de un asentamiento vikingo fechado en torno al siglo XI. [Fig. 1]


Fig1: All Canada Photos: Vista aérea de L’Anse aux Meadows, un asentamiento histórico vikingo, Terranova, Canadá, Dissolve (consultado el 07 de octubre de 2019): disponible en https://dissolve.com/stock-photo/Aerial-anse-aux-meadows-historic-viking-settlement-royalty-free-image/101-D1294-1-580

Pero ni siquiera los vikingos fueron los primeros pobladores del continente americano, sino únicamente los primeros europeos en llegar a él. Al hablar del descubrimiento de América, ya sea por parte de Cristóbal Colón o de Erik el Rojo, se está ignorando que el continente americano llevaba poblado por el ser humano varias decenas de miles de años. La teoría más respaldada es que las primeras oleadas de humanos que se asentaron en América llegaron desde Siberia a través del Estrecho de Bering (por entonces cubierto de hielo a causa de la última glaciación), en cronologías que varían desde el 30.000 hasta el 60.000 a.C. Es decir, que cuando Colón “descubrió” América ésta ya llevaba habitada por el ser humano al menos 30.000 años.


Hay que decir, en defensa de Colón, que él jamás pretendió atribuirse el descubrimiento de un nuevo continente. Consciente o no de que en realidad estaba equivocado, el caso es que el explorador murió afirmando que lo que él había hecho era descubrir una ruta alternativa a las Indias y no un “Nuevo Mundo”. De hecho América debe su nombre no a Cristóbal Colón sino a su contemporáneo Amerigo Vespucci, otro explorador italiano que participó en las primeras expediciones de reconocimiento por la costa americana al servicio de la Corona de Castilla. [Fig. 2]


Fig2: Del Piombo, Sebastiano: Retrato de hombre (generalmente identificado con Cristóbal Colón), 1519, óleo sobre lienzo, Metropolitan Museum, Nueva York.

Detengámonos un momento en esto último, ya que nos da pie a comentar otra de las inexactitudes que suelen acompañar al 12 de octubre. Si se relee con atención lo escrito hasta ahora se observará que en ningún momento se ha hablado de la implicación de España en la exploración o conquista de América. En contra de la opinión generalizada, España como Estado unificado surge a principios del siglo XVIII con la llegada de los Borbones y los Decretos de Nueva Planta y no con la unión dinástica de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. El matrimonio de los Reyes Católicos no supuso una unión territorial o jurídica entre sus respectivos reinos, pues aunque sus descendientes fueron soberanos tanto de Castilla como de Aragón cada territorio mantuvo sus propias leyes e instituciones. Así pues, y aunque ya desde la Edad Media se hablaba de España como una entidad cultural y territorial (como si hoy en día nos referimos al Magreb o los Balcanes), sería más exacto hablar de la conquista castellana y no española de América, ya que la Corona de Aragón se mantuvo al margen de la misma y los nuevos territorios fueron administrados por la Corona de Castilla. [Fig.3]

Fig3: Los viajes de Colón, en Redal, Enric Juan (dir.): La Enciclopedia del Estudiante, vol. 8: Historia de España, Madrid, Santillana Educación, 2005, p. 94.

Pero, más allá de estas inexactitudes a las que venimos refiriéndonos, la polémica en torno al 12 de octubre surge a la hora de juzgar en términos morales la llegada de Cristóbal Colón a América y sus consecuencias como un hito histórico. La historiografía española lleva pugnando desde hace siglos con la llamada Leyenda Negra, una serie de tergiversaciones que, aunque en muchos casos con una base real, tienden a sobredimensionar los aspectos negativos de la conquista. Sigue siendo objeto de debate el número de indígenas que murieron en este proceso. Si bien las estimaciones de población americana precolombina oscilan entre los 10 y los 100 millones de habitantes parece ser una opinión generalizada que la llegada de los europeos supuso un descenso de al menos 3/4 de la población. Autores como Jared Diamond sitúan la cifra en un 95%, aunque aludiendo a las enfermedades traídas desde Europa como la causa principal [4]. De ser así, y sin despreciar el destacado papel que jugó la explotación de los indígenas, parece difícil hablar de un genocidio si por genocidio entendemos un exterminio deliberado de un grupo étnico. Sea como fuere, lo que sí es indudable es que la conquista castellana de América supuso, directa o indirectamente, la desaparición de la mayor parte de sus poblaciones, lenguas y culturas. [Fig.4]



Fig4: Los viajes de Colón, en Redal, Enric Juan (dir.): La Enciclopedia del Estudiante, vol. 8: Historia de España, Madrid, Santillana Educación, 2005, p. 94.

Ahora bien, si se compara el modelo de ocupación desarrollado en América por las potencias europeas latinas (Castilla y Portugal) con el llevado a cabo por las potencias anglosajonas (Gran Bretaña y Estados Unidos) se puede comprobar fácilmente que los efectos demográficos de uno y otro sistema fueron bien distintos. No hace falta más que comparar los rasgos físicos de las poblaciones americanas actuales para darse cuenta de ello. Así, si en América Latina, salvo excepciones como Argentina, una gran parte de la población presenta rasgos indígenas como consecuencia del mestizaje, en América del Norte la práctica totalidad de sus habitantes, exceptuando a la población afroamericana y aquella procedente de la inmigración hispanoamericana de las últimas décadas, presenta rasgos exclusivamente caucásicos, iguales a los de sus antepasados europeos. Estas diferencias se deben a los distintos modelos socio-políticos que establecieron en América los conquistadores de origen europeo. En el caso castellano, y aunque siempre permanecieron en el escalafón social más bajo, los indígenas fueron reconocidos ya desde tiempos de Isabel la Católica como súbditos de la Corona de Castilla, y como tales, contaron con una protección jurídica de la que carecieron los indígenas sometidos por Gran Bretaña y Estados Unidos.


Esto no ha de interpretarse, sin embargo, como un argumento a favor de la conquista americana por parte de Castilla. Quienes reivindican el 12 de octubre aludiendo al desarrollo científico, tecnológico, social o cultural que trajeron consigo los castellanos ignoran que, como en casi cualquier proceso de ocupación, los avances traídos por la conquista respondían antes a las propias necesidades e intereses de quienes participaban en ella que a una verdadera vocación “filantrópica” o “humanitaria” por parte de las autoridades castellanas, cuyo principal objetivo no dejaba de ser el expolio de los nuevos territorios mediante el empleo de los nativos como mano de obra forzosa, lo cual se hizo a través de instituciones socioeconómicas como la encomienda y, posteriormente, el repartimiento. Es cierto que ya desde los primeros momentos de la conquista personalidades como Fray Bartolomé de las Casas denunciaron la explotación de los indígenas, que la llegada de la Iglesia supuso el fin de prácticas como los sacrificios humanos o que bajo dominación castellana se fundaron las primeras universidades americanas, como también lo es el hecho menos conocido de que la alternativa a la sobreexplotación indígena fue la importación de esclavos de África, que la Inquisición llevó a cabo su labor represiva en América desde 1569 hasta 1808 o que los indígenas vieron restringido su acceso al sistema universitario americano. [Fig. 5.1] [Fig. 5.2]



Fig 5.1: Puebla, Dióscoro: Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, 1862, óleo sobre lienzo, Museo del Prado, Madrid.


Fig 5.2: Rivera, Diego: La conquista de México, 1930, mural, Palacio Nacional, México D.F.

En cualquier caso, no parece razonable juzgar con los criterios éticos que poseemos en el siglo XXI los crímenes cometidos entre los siglos XVI y XVIII sin tener en cuenta la mentalidad imperante en la época. Recientemente el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador reabría la polémica con una carta dirigida en marzo de este año al rey Felipe VI y en la que, refiriéndose a los atropellos de la conquista, expresaba el deseo de México de que “el Estado español admita su responsabilidad histórica por esas ofensas y ofrezca disculpas o resarcimientos políticos que convengan.” [5]. La carta, que tuvo una acogida entusiasta entre amplios sectores de la izquierda española, generó por su parte airadas reacciones en la derecha y fue duramente contestada por el Gobierno del PSOE. Ciertamente tampoco parece razonable que los españoles que vivimos en la actualidad tengamos que pedir perdón por lo que hicieron nuestros antepasados en América hace 500 años, si bien cosa distinta sería que España, como entidad política heredera de la Corona de Castilla, pidiese perdón a nivel institucional por los abusos de la conquista. No sería la primera vez que un Estado hace algo similar; sin ir más lejos, en el año 2000 el presidente alemán Johannes Rau pidió perdón por la responsabilidad de su país en el Holocausto.


Lo que el presidente López Obrador parece ignorar, sin embargo, es que las disculpas de España no habrían de estar dirigidas al actual Estado mexicano sino a los pueblos indígenas víctimas de la conquista, y que posteriormente también sufrieron las políticas represivas de las autoridades criollas mexicanas tras la independencia del país en 1821. Yendo más lejos aún, podríamos llegar a la conclusión de que estos pueblos deberían pedirse disculpas también entre sí por las distintas invasiones y saqueos que sufrieron los unos a manos de los otros antes y durante la conquista castellana.


Aunque en los últimos años distintos Estados latinoamericanos y parte de la izquierda española han querido reivindicar el 12 de octubre como “Día de la Resistencia Indígena” o “Día de la Descolonización” lo cierto es que Hernán Cortés sólo pudo conquistar Centroamérica gracias al apoyo de distintos pueblos locales que deseaban librarse del dominio del imperio azteca, y que Francisco Pizarro marchó sobre el territorio inca invitado por el propio emperador Atahualpa para combatir en la guerra civil que estaba librando contra su hermano. La idealización que desde los nacionalismos latinoamericanos y la izquierda española se tiende a hacer de los pueblos precolombinos ignora el hecho de que éstos no convivían en paz y armonía antes de la llegada de los castellanos, y que ya entonces poseían sociedades estamentales, patriarcales, teocráticas y esclavistas. A menudo la condena del opresor deriva en la idealización del oprimido, y ése es un análisis simplista que una historiografía rigurosa no se puede permitir. [Fig. 6]


Fig 6: Cartel llamando a un “pasacalles multicultural” en Madrid con motivo del 12 de Octubre de 2018.

No debemos olvidar lo que hicieron los castellanos en América. Al contrario, el 12 de octubre debería ser un recordatorio anual de lo ocurrido. Pero recordar no es lo mismo que conmemorar. La Historia se preserva en los libros, no en las calles. Los actos públicos como el desfile militar que tendrá lugar el próximo sábado en Madrid o los monumentos como la estatua que domina la Plaza de Colón no sirven para preservar la Historia sino para exaltar una determinada versión de la misma, y si un poco más arriba decíamos que los españoles de hoy en día no debemos sentirnos obligados a pedir perdón por lo que hicieron nuestros antepasados hace 500 años eso significa que tampoco tenemos derecho a enorgullecernos de sus acciones, máxime cuando, a pesar de lo dicho más arriba sobre las diferencias entre las mentalidades de una y otra época, la conquista de América supuso una experiencia traumática para la población indígena americana. Tal vez el 12 de octubre no deba ser un día para celebrar sino simplemente para reflexionar.


Álvar Muratel Mendoza.

REFERENCIAS:

  1. Ley 18/1987, de 07 de octubre. BOE nº 241 de 07 de octubre de 1987, p. 30149.

  2. Decreto de 10 de enero de 1958 por el que se declara el 12 de octubre fiesta nacional, bajo el nombre de «Día de la Hispanidad». BOE nº 34 de 08 de febrero de 1958, pp. 203, 204.

  3. Orden ministerial de 09 de marzo de 1940 disponiendo el Calendario de Fiestas Oficiales. BOE nº 73 de 09 de marzo de 1940, p. 1767.

  4. Diamond, Jared: Guns, Germs and Steel. A Short History of Everybody for the Last 13,000 Years, W.W. Norton, 1997, pp. 77-78.

  5. EFE: “Así es la carta de López Obrador al Rey: "España debe admitir su responsabilidad"”, El Confidencial (29 de marzo de 2019 [consultado el 06 de octubre de 2019]): disponible en https://www.elconfidencial.com/mundo/2019-03-29/lopez-obrador-mexico-rey-espana-disulpas-responabilidad_1913358/


PARA SABER MÁS:


-Bethell, Leslie (ed.): Historia de América Latina, vol. 3: América Latina colonial: economía. Barcelona, Crítica, 1990.

-Bethell, Leslie (ed.): Historia de América Latina, vol. 4: América Latina colonial: población, sociedad y cultura. Barcelona, Crítica, 1990.

-Chocano Mena, Magdalena: La América colonial (1492-1763). Cultura y vida cotidiana. Síntesis, Madrid, 2000.

-Esteva Fabregat, Claudio: El mestizaje en Iberoamérica. Madrid, Alhambra, 1987.

-Klein, Herbert S.: La esclavitud africana en América Latina y el Caribe. Madrid, Alianza, 1986.

-Pérez Herrero, Pedro: América Latina y el colonialismo europeo, siglos XVI-XVIII. Madrid, Síntesis, 1992.

-Pérez Herrero, Pedro: La América colonial (1492-1763). Política y sociedad. Madrid, Síntesis, 2002.

-Sánchez-Albornoz, Nicolás: La población de América Latina. Desde los tiempos precolombinos al año 2025. Madrid, Alianza, 1994.

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